Si hay un personaje en Neverness to Everness que no es lo que parece a primera vista, ese es Hotori. La dueña de la Tienda de Antigüedades Eibon aparece siempre impecable con su kimono, paraguas en mano, con esa elegancia que hace que cualquier escena en la que aparece tenga otro peso. Pero la primera impresión engaña bastante.
Porque Hotori es también la persona que golpea la mesa gritando «¡Trato hecho!» al encontrar lo que cree que es una ganga, descubre horas después que la han estafado, ahoga las penas en alcohol y acaba el mes con el ceño fruncido mirando una factura que no cuadra. El ciclo se repite. Siempre termina tiesa. Y sin embargo, sigue siendo la figura más enigmática y respetada del Eibon.
Hay una razón para esa contradicción. Y tiene que ver con lo que perdió.
Tabla de Contenidos
La Última Descendiente de los Tsukinoki
Hotori no siempre fue la dueña de una tienda de antigüedades en Hethereau. Fue la hija de la familia Tsukinoki, un clan prominente y recluido que vivía rodeado de antigüedades, tradiciones y la belleza efímera de los paisajes nevados en invierno.
De niña ya sentía una melancolía particular por el paso del tiempo. El patio de la familia y la nieve caída formaban un contraste que describía como «antigüedades cubiertas de polvo blanco e inmaculado». Año tras año, esos paisajes desaparecían en un abrir y cerrar de ojos, y Hotori temía que el mundo exterior, siempre cambiante, trajera algo que rompiera para siempre ese equilibrio frágil.
Sus padres fallecieron cuando todavía era joven. Y entonces llegó lo que más temía.
El Ataque que lo Cambió Todo
La familia Tsukinoki fue atacada por un clan rival. Hotori, la única superviviente, quedó gravemente herida y abandonada a su suerte. Fue Adler quien la encontró y la salvó en el último momento, un joven que los Tsukinoki habían acogido años atrás y que lleva los ojos siempre cerrados, incluso desde aquella época.
Lo que nadie esperaba es lo que ocurrió durante el ataque: en el momento de mayor desesperación, Hotori deseó con todas sus fuerzas que el tiempo se detuviera. Y el tiempo se detuvo.
Así fue como Hotori desarrolló su capacidad de manipular el tiempo. No fue fruto de un entrenamiento ni de un descubrimiento gradual. Fue un grito desesperado de alguien que estaba perdiendo todo lo que amaba y quería congelarlo antes de que desapareciera para siempre. La habilidad que la define como personaje tiene su origen en uno de los momentos más oscuros de su vida.
Hay algo poético y bastante triste en eso. Y también explica mucho sobre su personalidad.
Por qué Hotori Detiene el Tiempo
Un viejo visitante de la familia, ya en sus últimos años de vida, le dijo una vez algo que se le quedó grabado:
«El mejor momento para disfrutar de la nieve es cuando empieza a derretirse. Para ello… es necesario el movimiento, ¿no?»
La frase parece una contradicción con todo lo que Hotori hace. Ella detiene el tiempo. Congela el momento. Pero quizás precisamente por eso entiende mejor que nadie lo que significa que las cosas cambien: lo ha vivido de la peor manera posible.
Esa conversación, con aquel hombre que sabía que era su último encuentro y acompañó cada frase con un sorbo de vino, dejó en Hotori algo que el juego no explica del todo. Cuando el Globo Temporal imagina esa escena, describe a Hotori con una sonrisa que «la hacía parecer un poco… ¿arrepentida?». No calculadora, no triunfante. Arrepentida.
¿De qué? El juego no lo dice. Pero si lo piensas: Hotori tiene el poder de detener el tiempo y no pudo salvar a su familia. Llegó demasiado tarde, o el poder llegó demasiado tarde. Esa sonrisa de arrepentimiento puede ser la de alguien que carga con la culpa de haber sobrevivido, o la de alguien que sabe que, por mucho que detenga el tiempo, hay cosas que ya no puede recuperar.
La Jefa Misteriosa del Eibon: Tres Versiones del Mismo Personaje
Dependiendo de quién hable de Hotori, obtienes una imagen completamente distinta. Para Sakiri es «la adulta más irresponsable de todas», cuya rutina diaria incluye embriagarse con cierta regularidad.
Para Nanally es la jefa misteriosa que admira. Para el resto del mundo es la enigmática propietaria del Eibon, siempre impecable, siempre con una sonrisa que parece saber algo que tú no.
Las tres versiones son ciertas. Y ninguna es la completa.
Lo que sí está claro es que Hotori construyó el Eibon desde cero después de perderlo todo. La tienda de antigüedades no es un capricho ni un negocio heredado. Es lo que quedó de pie cuando el mundo que conocía se derrumbó. Y que la llenen de objetos viejos, de cosas con historia, de tesoros que otros no supieron valorar… tiene bastante sentido para alguien que creció rodeada de eso y lo perdió.
Hotori y el Dinero: el Eterno Ciclo del Desastre
Dicho todo lo anterior, Hotori también es perfectamente capaz de gritar «¡Trato hecho!» al comprar un dispositivo de belleza con forma de rana por 50,000 Fons y luego regatear hasta los 5,000 cuando el vendedor titubea. El ciclo completo:
«¡Qué excelente gusto tienes, cliente! Has elegido a primera vista el tesoro más valioso de toda mi colección… el «Rocío Claro Sagrado», codiciado por nobles de élite durante siglos, está ahora mismo en tus manos! ¡50,000 Fons!»
El mercader pone cara de dolor. Hotori, sin inmutarse:
«¡Veo que no te andas con rodeos, cliente! Entonces dejémoslo en 5,000 Fons, ¡y quedemos como amigos!»
De 50,000 a 5,000 en un parpadeo. Y luego descubre que la han estafado. Y ahoga las penas. Y al mes siguiente vuelve a empezar.
Sakiri recibe una buena regañada de Hotori por los destrozos que causa, pero a juzgar por el ceño fruncido permanente de Adler y las cuentas mensuales del Eibon, las regañadas no tienen mucho efecto en ninguna de las dos direcciones. El Eibon es un caos bien vestido, y Hotori es su perfecta directora de orquesta.
Adler: el Hombre que Siempre ha Estado Ahí
No se puede hablar de Hotori sin mencionar a Adler. Fue él quien la salvó cuando el clan Tsukinoki fue atacado, un joven que los propios Tsukinoki habían acogido tiempo atrás. Desde entonces ha permanecido a su lado, actuando como su mano derecha, la voz de la razón en un establecimiento donde todos los demás se comportan como niños grandes o son niños de verdad.
Sus ojos siempre están cerrados. Incluso en el flashback del momento en que conoció a Hotori de niña, sus ojos ya estaban cerrados. El juego no explica por qué, pero es un detalle que lleva ahí desde el principio. Adler tiene sus propios secretos.
Lo que sí está claro es que la relación entre Hotori y Adler es de las más sólidas del juego, precisamente porque no se basa en nada superficial. Se basa en haber estado ahí cuando todo lo demás desapareció.
El Globo Temporal y los Tesoros que No se Venden
El Eibon está lleno de antigüedades, pero no todas están en venta. El Globo Temporal, por ejemplo, imagina conversaciones nocturnas con Hotori mientras ella inspecciona los objetos de la tienda. Y en esas conversaciones imaginarias cuenta su propia historia: solía dormir en un puesto callejero sucio hasta que Hotori le llamó la atención y lo compró por 998 Fons.
Y luego está el Reloj de Bolsillo Esmaltado, elaborado con técnica de esmalte cloisonné, con una gema naranja rojiza «como unos ojos que han perdido su dureza con el paso de los años». No es una anomalía ni la creación de un Esper. No tiene habilidades especiales. Pero Hotori nunca habla de su valor real, y hay algo que no vendería por dinero salvo que el Eibon estuviera al borde de la quiebra.
Un reloj sin poderes especiales que la última descendiente de una familia que fue destruida guarda como su mayor tesoro. No hace falta que el juego lo explique para entender qué significa.
¡Y eso es todo! ¿Ya conocías la historia de Hotori en Neverness to Everness? ¿Crees que la sonrisa de arrepentimiento tiene que ver con no haber podido salvar a su familia, o hay algo más detrás? ¡Deja tu comentario!








