Si hay un personaje en Neverness to Everness que transmite calma y fiabilidad desde el primer momento, ese es Adler. Alois V. Adler, para ser exactos, aunque nadie usa el nombre completo.
Es el tipo de persona en quien confías sin cuestionártelo, el que siempre tiene un plan, siempre mantiene la compostura y hace todo con los ojos cerrados. Lo último no es una figura retórica: Adler nunca los abre.
Parece el asistente perfecto. Casi lo es, porque hasta alguien tan sumamente perfecto como él cometió un grave error una vez. Aunque, por supuesto, aprendió de ello.
Su nombre en alemán y hebreo asquenazí significa «águila». Por si hacía falta otra pista sobre qué tipo de persona es.
Tabla de Contenidos
El Asistente más Sobrecualificado de Hethereau
En papel, Adler es el asistente de la Tienda de Antigüedades Eibon. En la práctica, es el eje sobre el que gira todo el establecimiento.
Sus responsabilidades incluyen preparar siete desayunos distintos adaptados a cada persona, gestionar el stock de alcohol y antiresacas (obviamente para Hotori) y planificar cómo minimizar las pérdidas inevitables de cada encargo. Todo ello mientras mantiene una actitud positiva al revisar unas cuentas que nunca cuadran.
Fuera del Eibon tampoco se queda corto: espadachín medallista de oro, certificado en tiro con arco de diez anillos, instructor avanzado de ceremonia del té y campeón del Torneo de Aviones de Papel de Puentes Cruzados.
Nanally organizó una vez un concurso llamado «¿Qué cosa no es capaz de hacer el increíble Adler?», donde el ganador recibía el título de Miembro Honorario Vitalicio de la Familia Colucci. Lo ganó Nanally con la frase: «¡El señor Adler jamás ha causado problemas!». Spoiler: más adelante descubrirás que sí causó uno. Uno muy concreto y muy caro.
Una Vieja Historia: el Niño Ciego y la Armadura Ilustración
Para entender a Adler hay que retroceder a cuando era joven, ciego y sirviente en una casa noble donde se guardaba, entre otras cosas, una armadura llamada Ilustración.
Era un trabajo que otros sirvientes encontraban tedioso. A Adler no le molestaba en lo más mínimo. Limpiar el almacén significaba no tener que hablar con nadie, el ambiente silencioso le hacía sentirse a gusto. Su ceguera hacía que todo le tomara un poco más de tiempo, pero en ese almacén no había nada frágil, así que bastaba con ser cuidadoso.
A todos los objetos los trataba con el mismo esmero, sin favoritismos. Salvo uno: la armadura Ilustración, colgada en lo alto. Había escuchado rumores sobre ella, sobre su gran poder y sobre sus antiguos portadores invencibles. Cada vez que limpiaba sus escamas, se esforzaba un poco más, soñando en silencio con que quizás algún día él también pudiera portar algo así.
En esa misma casa noble, una joven vestida de manera impecable le dio las gracias un día y le recordó con amabilidad que tuviera cuidado al caminar. En una propiedad donde los pequeños actos de bondad eran raros, ese gesto le pareció especial. Adler permaneció en silencio en la entrada del almacén hasta que los pasos de la muchacha se desvanecieron. Luego siguió limpiando. Esa muchacha era Hotori.
Los días tranquilos continuaron hasta que, en una noche nevada, Ilustración comenzó a emitir un suave resplandor. Criaturas semejantes a ciervos surgieron de la armadura caminando sobre los copos de nieve, reuniéndose alrededor del joven dormido.
«¿Nuevo… amo?»
«¡Me gusta!»
«Un aroma familiar.»
«…Mmm.»
«En mi humilde opinión…»
Sus murmullos no interrumpieron el sueño de Adler. Lo dejaron descansar un poco más. Le darían la buena noticia cuando la nieve se despejara y el sol brillara al día siguiente.
Por qué Nunca Abre los Ojos
Cuando le preguntan sobre sus habilidades esper, Adler responde sin rodeos:
«En el pasado, mi ceguera me hacía depender de la ayuda ajena. Fue la Ilustración la que me obsequió esta capacidad especial para percibir el mundo, y con ella, un deber que proteger.»
Los ojos cerrados no son un rasgo estético ni una afectación. Son la marca de alguien que aprendió a ver de una manera completamente distinta gracias a Ilustración. Lo que muchos interpretan como frialdad o distancia es en realidad una percepción que va más allá de lo visible. Adler ve más con los ojos cerrados que la mayoría con los ojos abiertos, tanto en el mundo físico como en las personas que lo rodean.
Sobre Sakiri dice que «le cuesta ser directa con sus emociones» y que «la paciencia y la distancia son clave para ganar su confianza». Sobre Nanally, que «su único deseo es que, al actuar, fuera un tanto más… pero no me quejo del ruido». Adler lee a las personas con una precisión que desconcierta, todo ello sin abrir los ojos.
Los Cinco Sunya de Ilustración
Ilustración no es solo una armadura. Es el hogar de cinco criaturas llamadas Sunya, cada una con su propia personalidad. Adler no las considera herramientas de combate sino compañeras, y en los días sin encargos las deja hacer lo que quieran.
- Rupa: La que aparece con más frecuencia, conocida en el Eibon como «Cosita». Es el quinto miembro provisional de los Colucci, aunque no entiende del todo lo que eso significa. Su pago por ayudar: una palmadita en la cabeza y un buen trozo de pastel de zanahoria.
- Vedana: La más relacionada con el Eibon. Amante de los finales tristes de manga, excelente compañera en juegos cooperativos y devota del bocadillo de medianoche. Los Sunya no poseen emociones propias, pero Vedana se especializa en percibir e imitar las de los demás. En una ocasión le preguntó a Adler de dónde provenían sus propios sentimientos. No recuerda la respuesta, pero sí que ese día el pastel de zanahoria estaba delicioso y que esa alegría venía de su propio ser.
- Sanna: La pintora. Cuando llegan cuadros antiguos al Eibon, se adelanta para verificar su autenticidad. Adler le entregó un set de materiales de arte y desde entonces ha desarrollado una figura artística propia. Sus pinturas hacen escuchar sonidos, percibir aromas y degustar sabores. Ninguna sala de colección ha podido adquirir ni exponer una obra suya. La primera que le dio a Adler fue un papel con unas cuantas huellas, estampadas como copos de nieve.
- Sankhara: El segundo Sunya en manifestarse, nacido del karma generado por la guerra y el conflicto. Mientras los otros Sunya caían en un sueño profundo, él permanecía despierto porque ese era el propósito de su nacimiento. Fue él quien escuchó el deseo de Adler: «Tengo tantas, tantas cosas que quiero proteger». Ahora su trabajo diario es cuidar niños y usar su velocidad para conseguir las ofertas del día.
- Vinnana: El primero en aparecer junto a Adler, aunque casi nunca se muestra frente a desconocidos y suele pasar el tiempo durmiendo dentro de Ilustración. Cuando se trata de hablar del señor Adler, se extiende un poco: «Solo por verme, ese niño dormía todos los días en el pasillo sin decir una palabra. Fue debido a este viejo corazón bondadoso que no podía soportar ver sufrir a un niño… que al final no tuve otra opción más que responderle.» A continuación, procede a hablar de todas sus propias dificultades. Esas son las dos únicas frases sobre el señor Adler.
La Maceta y el Período Sombrío
El perfil menciona algo llamado «el período sombrío en que cayó por primera vez en la oscuridad», sin entrar en más detalles. Lo que sí se sabe es que durante ese período, Adler rompió accidentalmente una maceta.
Una maceta que valía un año, cuatro meses y trece días de propina.
El nivel de precisión del dato es muy Adler. No «una maceta muy cara», no «una cantidad considerable», sino un año, cuatro meses y trece días, calculado al detalle. Gracias a esa experiencia, no ha vuelto a romper nada por accidente.
¿Qué fue el período sombrío exactamente? No hay respuesta. La forma en que lo maneja, casi de pasada, como algo que ya quedó atrás, dice mucho sobre cómo Adler procesa las cosas difíciles: con la misma discreción con la que hace todo lo demás.
También podría ser que el período sombrío no sea nada más allá de eso, del bochorno que debió sentir al cometer dicho error. Eso sería muy Adler… la vergüenza de alguien que se exige demasiado a sí mismo.
El Eibon como Hogar
Adler recuerda cómo era el Eibon cuando llegaron por primera vez a la Calle Hankaku: todo estaba en ruinas, Sakiri era callada, Hotori y Daffodill estaban ocupadas. El cambio comenzó con Taygedo y se consolidó con Nanally y Edgar.
«La tienda ganó calor humano y risas. En la actualidad, con el perito entre nosotros, Eibon ha encontrado por fin la esencia de un hogar.»
Para alguien que de niño limpiaba almacenes en silencio porque no tenía que hablar con nadie, esa frase tiene un peso considerable.
Adler no eligió el Eibon por casualidad. Lo eligió porque es exactamente lo que siempre quiso proteger: un lugar donde las personas, por dispares que sean, encuentran algo parecido a la familia. Múltiples organizaciones cazadoras de Anomalías de Hethereau han intentado reclutarle a lo largo de los años. Todas han recibido la misma respuesta. Adler se queda en el Eibon.
¡Y eso es todo! ¿Ya conocías la historia de Adler en Neverness to Everness? ¿Crees que el período sombrío tiene alguna relación con su conexión con Ilustración, o es algo posterior? ¡Deja tu comentario!









